
Salar de Uyuni
El Salar de Uyuni se extiende sobre 10.582 km² en el departamento de Potosí, al suroeste de Bolivia, a 3.656 m de altitud — la mayor superficie de sal continua del planeta. La vida local se concentra en Colchani, pueblo salinero a orillas del salar, y en las comunidades aymaras y quechuas del altiplano que heredan siglos de explotación artesanal de la sal y tradiciones ligadas al volcán Tunupa (5.321 m), deidad tutelar en la cosmovisión aymara. Los viajeros recorren el salar en travesías en 4x4 de uno a tres días que incluyen el Cementerio de Trenes de Uyuni, las pilas de sal de Colchani, la Isla Incahuasi con sus cactus gigantes (Echinopsis atacamensis pasacana, hasta 10 m) y el flanco norte dominado por Tunupa. Entre diciembre y abril, una fina lámina de agua de lluvia convierte la planicie en el espejo natural más grande del mundo; en temporada seca, la costra se agrieta en los característicos polígonos hexagonales.

Sobre el destino
El Salar de Uyuni es el mayor desierto de sal del planeta: 10.582 km² de costra blanca a 3.656 m sobre el nivel del mar, en el departamento de Potosí, en el suroeste de Bolivia. La superficie es tan plana que la elevación varía menos de un metro entre extremos opuestos, condición que la NASA utiliza para calibrar altímetros satelitales. Bajo la costra —de hasta 10 m de espesor en algunas zonas— se encuentra una salmuera que concentra aproximadamente 21 millones de toneladas de litio, la mayor reserva mundial identificada de este mineral.
El paisaje es producto de la desecación de lagos prehistóricos. El lago Minchin, hace unos 40.000 años, y el lago Tauca, hace unos 11.000 a 13.000 años, ocuparon gran parte del altiplano meridional; su evaporación en un clima árido dejó once capas superpuestas de sal y sedimentos. En temporada seca (mayo a noviembre), la deshidratación de la costra forma los polígonos hexagonales que caracterizan al salar. En temporada húmeda (diciembre a abril), una lámina de apenas centímetros de agua de lluvia transforma la planicie en un espejo de cielo continuo — el fenómeno óptico que ha convertido a Uyuni en ícono fotográfico global.
El salar se recorre desde la ciudad de Uyuni en travesías de 4x4. A tres kilómetros del casco urbano se encuentra el Cementerio de Trenes, cementerio ferroviario donde se oxidan más de un centenar de locomotoras británicas abandonadas tras el colapso de la minería del estaño en la década de 1940. En Colchani, a veinte kilómetros al norte, las cooperativas familiares siguen extrayendo sal en pilas cónicas para secarla al sol antes de su yodación. En el corazón del salar emerge Isla Incahuasi —antiguo atolón coralino fosilizado— poblada por cactus gigantes de Echinopsis atacamensis pasacana que crecen apenas un centímetro al año y alcanzan hasta 10 m. En el flanco norte se alza el volcán Tunupa (5.321 m), extinto, deidad aymara y guardián mitológico del salar.
Lo que distingue a Uyuni de otros salares andinos es la combinación de escala extrema, el efecto espejo estacional visible desde satélite, la accesibilidad de los cactus y conos volcánicos sin equipamiento técnico y la conexión geográfica con la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa al sur, que articula el cruce clásico de tres días entre Uyuni y San Pedro de Atacama en Chile.
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